Calidad Ambiental Interior: ¿Edificio enfermo o personas enfermas?


“Antes llevaba colonia y un brillo de labios en el bolso… Ahora llevo una mascarilla y un ventolín.”

Con estas palabras Cristina Esteban resumía los dos últimos años de su vida. ¿Qué sucedió para que se operara este cambio tan radical? Debido a unas reformas en su puesto de trabajo, se colocó un nuevo pavimento adherido con una cola de contacto. Durante unas horas, los compuestos químicos emitidos por esa cola impregnaron el ambiente interior, quemaron los bronquios de Cristina y envenenaron su cuerpo. A partir de ese día, su vida se convirtió en un calvario.

El testimonio de esta chica afectada de Sensibilidad Química Múltiple (SQM) fue lo más impactante de la Mesa Redonda nº4 del pasado Congreso de Bioarquitectura. El viernes lo pudimos revisionar en uno de los encuentros “Motivos para motivarte” que propone BaM en el Altillo del COAC y nos volvió a dejar con un nudo en el estómago.

En el debate que se abrió tras el visionado de las ponencias surgieron muchas preguntas sobre la responsabilidad de los profesionales a la hora de tomar ciertas decisiones. ¿Son los arquitectos responsables de todos los materiales empleados en sus proyectos? ¿Son las empresas que los suministran? ¿la industria que los fabrica?¿o quizás las entidades encargadas de controlar la toxicidad de ciertos productos?

La mayoría de los asistentes a estas charlas somos arquitectos y hubo consenso al entonar un “mea culpa” por la dejación a la hora de informarnos sobre los materiales que decidimos para nuestras obras. La información se puede encontrar si se busca: sabemos que la mayoría de las colas que se emplean tienen compuestos tóxicos que no sólo se liberan cuando se aplica el producto sino que permanecen en el ambiente interior durante años. ¿Por qué no construimos teniendo en cuenta no sólo la funcionalidad de los espacios sino la salud de los usuarios?

Petra Jebens, arquitecta que practica la bioconstrucción desde hace muchos años, tiene claras sus prioridades y así lo explicó en su ponencia: Primero la salud, luego la eficiencia energética y como tercer pilar de su arquitectura, la visión holística, la belleza, “hay que crear hogares para el alma”.
Los arquitectos que estamos ejerciendo desde hace años, ¿sabemos algo de bioconstrucción? ¿podríamos aconsejar a alguien sobre cuál es el tipo de calefacción, no ya más eficiente, sino más SALUDABLE? ¿sabemos cómo nos afecta la instalación eléctrica en nuestros dormitorios, lugar donde pasamos el tiempo más importante para la salud, el tiempo del descanso, de la regeneración?

Mi experiencia particular me dice que NO. En los siete, ocho años que duraron mis estudios en la ETSAB ninguna asignatura hablaba sobre estos temas. Quizás la que más se aproximaba, en un intento de rescatar la tradición constructiva popular, la que construye a favor del clima, era la asignatura de Acondicionamientos y Servicios impartida por Rafael Serra. Pero esta materia, en nuestra arrogante ignorancia, aparecía como algo “antiguo”, pesado, demasiado matérico…

Como muy bien dijo Elisabet Silvestre (biológa) otra de las ponentes de la Mesa Redonda, pasamos un 90 % de nuestro tiempo en espacios interiores y no sabemos con qué materiales están construidos y cómo afectan a nuestra salud. ¿Habrá que crear una nueva figura que actúe como Médico de la Construcción, un Bioarquitecto, un “Neuro-psico-arquitecto”? como en algún momento se debatió…
Creemos que no. Es el arquitecto el que ha de cambiar su mentalidad e interesarse por estas cuestiones. La información está a nuestro alcance. Es nuestra responsabilidad que no se den más casos como el de Cristina Esteban.

[Esta entrada es una contribución de Iciar Sen, la reportera voluntaria del BaM. ]

[El evento al que se refiere es una de las citas MxM de revisión participativa de las ponencias del Congreso de Bioarquitectura 2011. Enlaces a: Capsulas editadas del Congreso y Documentos .pdf y .ppt de los ponentes]

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