Séptimo encuentro “Motivos para motivarse” en el altillo del COAC: La biología de los materiales ¿Cómo elegir un material saludable?


Cada vez estoy más convencida de que los debates más interesantes, los que tratan temas que verdaderamente importan, cuestiones decisivas que siempre deberían estar en boca de los medios de comunicación, suceden en “petit comité”, en lugares alejados de los focos, en altillos (del COAC en este caso) y son generados por gente corriente, de procedencias varias, de diferentes profesiones, pero con unas características que les unen: no son mediáticos, tienen inquietud por el futuro, se sienten responsables y poseen un gran sentido común.

El viernes pasado por la tarde pude constatarlo una vez más en el 5º Encuentro mxm celebrado en el Altillo del COAC.

Beatriz Rivela, ingeniera química especialista en evaluación del impacto ambiental de los materiales, en su breve pero intensa ponencia, señaló el poco consenso que hay al intentar definir conceptos tan importantes como la SALUD. ¿A qué nos referimos cuando hablamos de salud? Y sobre todo ¿a la salud de quién?

Rivela puso en evidencia un cierto ombliguismo a la hora de hablar de ambientes sanos y amplió el foco haciéndonos viajar mentalmente a países en vías de desarrollo que acogen, casi siempre por falta de recursos e información,  los procesos más contaminantes de la industria del primer mundo, muchas veces para la fabricación de productos que después se venden en Europa con el sello “eco” o “bío”.

Proponía hacer un seguimiento exhaustivo, un rastreo de la composición y procedencia de los materiales que utilizamos, que no se detenga en las fronteras del primer mundo y que no se limite sólo a la fabricación sino también al proceso de reciclaje o a los desechos y vertidos que se generan tras su utilización. Una tarea llena de trabas y opacidad, tal como advirtió y se comentó en el posterior debate.

¿Por qué no exigir entonces una etiqueta clara que indique composición y procedencia de los materiales de construcción, como ya se hace con los alimentos “bío”? “Queremos saber con qué estamos construyendo, no hacer de Sherlock Holmes para cada producto”, se pidió en el debate tras las ponencias.

Está claro que con la globalización, las decisiones que se toman en un punto del Planeta están afectando a muchas otras zonas. Existe una trama común que entreteje la vida en la Tierra, si estiramos de una hebra por un lado, por el opuesto se empieza a descoser el tejido. Y ya no podemos ignorarlo más. La gente que asiste a estas sesiones creo que es muy consciente de esto y está cansada de que no se haga nada por cambiar las cosas. En este sentido es muy iluminador el libro de Frijtof Capra, doctor en Física teórica, La trama de la vida (Anagrama)

César Reyes, arquitecto, otro de los ponentes, explicó el interesante proyectó que realizó para su tesis doctoral en Guatemala. Observando que el cultivo intensivo de maíz en su país generaba un problema importante de residuos, ya que de la planta sólo se aprovecha el 30 %, ideó unos bloques de construcción compuestos por  cal, arena y fibras de maíz reutilizando los desechos del cultivo, recuperando la forma tradicional de construir de la zona, más apta para soportar seísmos y que además, una vez convertida en desecho, el gran contenido de sílice de la pasta ayudaba a acidificar el terreno y favorecía el crecimiento de la nueva planta de maíz eliminando posibles parásitos.

Este es un ejemplo del tipo de “empresas” que propone Gunter Pauli en su libro La economía azul (Metatemas, Tusquets), libro que considero de cabecera para todo aquel que se proponga crear algo en la actualidad (empresa, edificio, objeto etc etc). Este economista belga que trabajó en la empresa de productos de limpieza biodegradables Ecover, explica que los ácidos grasos del aceite de palma que la empresa utilizaba como sustituto de los tensioactivos derivados del petróleo, hicieron aumentar masivamente el cultivo de esta planta en Indonesia con lo que vastas extensiones de selva fueron arrasadas y con ello el hábitat del orangután. Y, según sus propias palabras “así fue como aprendí la lección de que la biodegradabilidad y la renovabilidad no necesariamente equivalen a la sostenibilidad”.

Gunter Pauli propone pasar de la economía verde a la economía azul inspirándonos en cómo trabajan los ecosistemas, tan alejados de nuestro derrochador sistema de producción y consumo. “La sostenibilidad sólo será factible cuando nuestro sistema elimine el concepto de desecho y comience a reciclar los nutrientes y la energía tal como hace la naturaleza.(…) Aunque hayamos empezado a comprender la importancia de los procesos sostenibles, pocos saben cómo hacerlos económicamente viables(…) En vez de manipular la biología de la vida, inspirémonos en las distintas maneras en que la naturaleza hace uso de la física”. Pauli propone algo tan sencillo y a la vez tan difícil como traducir esta lógica del ecosistema al mundo empresarial.

Creo que, como lanzaba Beatriz Rivela al inicio de su ponencia, para que la salud humana equivalga y sea inseparable de la salud del planeta, tenemos que cambiar muchas cosas y pienso que el camino que propone Pauli hay que tenerlo muy en cuenta.

[Esta entrada es una contribución de Iciar Sen, la reportera voluntaria del BaM. ]

[El evento al que se refiere es una de las citas MxM de revisión participativa de las ponencias del Congreso de Bioarquitectura 2011. Enlaces a: Capsulas editadas del Congreso y Documentos .pdf y .ppt de los ponentes]

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